Caligrafía impecable

Mn. Antoni Pons es sacerdote como yo mismo, compartimos, además de una buena amistad, el oficio de la docencia en la asignatura de Religión Católica. Sí, hijo, esa que se discute en cada nuevo plan de estudios, parece el baile de la Yenka, ¿recuerdas? Izquierda, izquierda, derecha, derecha, adelante, atrás, un, dos, tres... Antoni Pons se lo curra en el instituto Josep Mª Llompart de Palma, yo en el Mossen Alcover de Manacor, lugar en el que me siento cómodo y valorado.

En el Josep Mª LLompart, donde trabaja mi colega existe, como en el mío mismo, la posibilidad de cursar el Bachiller Artístico. Escuela de futuros comunicadores a través del arte en sus múltiples y variadas formas, eso por lo menos es lo que se dice. Todo bien, hasta ahí ningún problema. El temilla que inspira este artículo empieza en el justo momento en que uno de los alumnos del instituto de Palma, animado por su profesora Aurora Generelo y demás maestros del arte, decide “fabricar” un videoclip un tanto curioso.

Mi compañero me lo remite advirtiéndome, como quien avisa a navegantes, que el trabajillo en cuestión ha sido valorado en calificación de nueve sobre diez por La señora Generelo, una genio de la enseñanza que imparte clases al chaval, o sea, aclarándome, estoy a punto de abrir un trabajo juzgado como sobresaliente por doctos pedagogos de la artística expresión. Adelante y paso al frente, en el justo inicio de la peliculilla aparece el propio alumno, productor y protagonista, con un móvil en la mano escuchando la presunta voz de Dios que le comunica, con acento latino, que a pesar de sus oraciones no puede incluirlo en su rebaño porque es (lit) maricón... A partir de ahí una musiquilla ritmada propicia un sinfín de gestos obscenos acompañados hasta la saciedad por la afirmación de: “Soy maricón” y una retahíla de insultos contra la Iglesia Católica que incluyen llamar puto al Obispo, deseos de follarse a Jesucristo, o apuntar con certeza a que la Virgen había practicado sexo anal entre otras lindezas. Quedo profundamente cabreado con los profesores que han puesto un nueve a semejante horror con el argumento que la presentación y el trabajo son impecables… vamos allá queridos que esto promete y tengo ganas de morder.

 

No tengo ni repajolera idea de si la señora Aurora Generelo y demás “profesores” del arte distinguen entre contenido y continente. Es posible que no, a qué engañarnos, la necedad se da en todos los campos, y en el de la docencia artística por lo que veo y por lo que me cuentan, es un derroche. Por si acaso paso a explicarlo, iluminar a los necios es una obra de misericordia, procedamos pues.

Según la RAE, continente es lo que contiene, eso en primera acepción, y en tercera, cosa que contiene en sí a otra. Sigamos, continuemos iluminando a los ignorantes. Contenido es, en segunda acepción: cosa que se contiene dentro de otra.
Quede aclarada así la diferencia entre continente y contenido, ciertamente no son lo mismo. ¿Lo pilláis, queridos?

Argumentan los magnos “próceres” del saber de ese instituto Palmesano, recordemos, Josep Mª Llompart, argumentan, digo, que el trabajo artístico presentado es simplemente impecable, o sea que el continente, que es lo que se juzga, es una maravilla total. Comparable, seguro, a la obra de un Greco moderno encarnado en ese alumno que, quien sabe si en vidas anteriores, se llamó Miguel Ángel, Bernini o Leonardo, ¡vaya usted a saber! Lo dicho, un trabajo perfecto que merece esa calificación excepcional… ¡Ay la vida!

Perdónenme, mis muy queridos y adoctrinantes semovientes, discrepo de su magistral criterio y esta vez con acritud; no sufran, argumentaré el mío de forma que pueda ser comprendido incluso por ustedes, ardua tarea por cierto. Es cierto, a qué negarlo, que contenido y continente no son una misma cosa, lo hemos visto. Clarito el tema. Reconozcamos sin embargo que ambas cosas, continente y contenido, se complementan irremisiblemente, y en una obra presuntamente artística aparecen como absolutamente indisociables.

Como ya me los imagino con los morrillos haciendo pucheros pensando que soy un cura facha, aciertan en lo primero, permítanme decirles, para iluminar sus obtusas mentes, y sólo a modo de ejemplo, que una taza puede ser preciosa, una belleza artística realmente cotizable y muy valorada. Vale, la taza vale muchísimo, pero si está llena de escupitajos da simplemente asco. Mutatis mutandis, lo mismo sucede cuando el continente falla. Un buen vino puede ser único e incluso soberbio, pero reconozcan “vuesas” eminencias que tal caldo pierde toda su gracia si se sirve en un vaso de papel. Convengamos entonces, cenutrios queridos, que ambos conceptos, contenido y continente se sostienen el uno al otro de forma singular e inseparable. Juzgar la taza prescindiendo de los escupitajos es propio de tontos del haba, e intentar saborear el vino servido en cartulina supone claramente una sandez.

 

Claro, claro, supongo que el alumno debe estar encantado con la óptima valoración que ustedes, manantiales del saber, le han otorgado, creo que debe alucinar en colorines. Cierto, es muy de agradecer que la afirmación de su mariconería la haga el propio alumno de forma machacona y reiterativa, se agradece que lo diga él porque yo, en contra de lo que el mozalbete ha hecho, me resisto a tildar a nadie con según qué apelativos afortunadamente superados.
Hay que reconocer que en eso, el chaval anda un pelín desfasado. Hoy en día la palabra “maricón” simplemente no se usa si no es para insultar, y eso, en materia de sexo está más que prohibido… no hijo, en materia de religión católica no. Yo me he de tragar sus sapos, sin embargo sus castísimos oídos no pueden escuchar ningún insulto porque la ley de los teletubbies que nos hemos fabricado le defiende. Truño de país tenemos, oyes.

Abundo todavía. Es posible que, como defienden ustedes, luceritos sapienciales, el continente sea de buena fábrica y presentación. Pero, lo reconozcan o no sus insignes inteligencias, el contenido lo invalida. Por bella que sea la taza ninguno de ustedes se la plantificará en sus hocicos de borrico sabiendo que contiene gargajos. Pues eso majetes, o menos manías y a tragar salivazos ajenos, o no me hablen de la puñetera taza porque me dan arcadas con sólo mirarla.

Pero no desfallezcan, por el amor de Dios, yo que ustedes animaría al alumnillo trasgresor a hacer algún pareado referido al Islam, al Profeta Mahoma, o al uso del hiyab por parte de las alumnas musulmanas, a ver si hay huevos por parte del alumno… y por parte de ustedes. Oh sí queridos, puestos a rebanar cuellos no les extrañe que les buscaran por instigadores. Es que de verdad, lo de meterse con la Iglesia Católica resulta tan sencillo y barato que ya no tiene mérito alguno, están ustedes tan desfasados como la palabra “maricón”.

Iluminen, animen a su alumno, denle ideas y no se corten queridos. Yo que sé, tal vez el chico podría, en un nuevo y trasgresor videoclip, hacer apología del nazismo y rimas en contra de los judíos. Jaleado por sus eminencias en forma de rebuznos que incluso pueden ustedes acompañar de sonoras ventosidades, muy artísticas ellas proviniendo de sus magisteriales culos, claro está.

En su simpatiquísima y tan graciosa trasgresión, su alumno podría poner en solfa el Holocausto e incluso, porque no, hacer bellas y nuevas rimas ciscándose en sus reverendísimas madres de ustedes. De hecho no es difícil, “docente” rima con “demente”, “instituto” con “prostituto”, “profesor” con “violador” , “tutor” con “corruptor”, “arte” con “cagarte” e incluso sin ir más lejos “plástica” rima con “esvástica”. Por ideas que no quede. Seguro que, visto lo visto, estarían vuecencias encantadas escuchando al aventajado estudiante dedicarles bellos epitafios al estilo de los ya escuchados en su “genial” obra, aunque con temática distinta.

Es que la cosa da para tanto que a uno le dan ganas de tirar la manta y destapar los temas considerados tabú, y por tanto susceptibles de ser puestos en solfa por el mocito iluminado por ustedes y sus proverbiales enseñanzas. ¿Qué tal si empezamos a animar a los jóvenes a drogarse? ¿Y si nos metemos con los disminuidos?, ¿Volvemos a reírnos de los gordos? ¿Qué tal un videoclip ridiculizando las leyes que penan la violencia de género? La anorexia también podría dar mucho juego y ni les cuento si empezamos a cachondearnos de los enfermos psíquicos y volvemos a llamarlos “tontos” o “locos”. Mucho, muchísimo juego puede dar también reírse del tembleque del enfermo de párkinson, del olvido de quien padece alzhéimer, o de la senectud del abuelo que babea.

 

Todo, todo parece estar permitido por ustedes mientras se diga en forma artística, ¿verdad? Añado todavía que estoy al corriente de lo que demanda la Plataforma CREA, grupo que pide a gritos más y más horas de arte en detrimento de otras materias como el castellano, dicho sea a modo de ejemplo, no se me inquieten. Claro queridos, la pregunta me surge sola. ¿Quieren ustedes más horas para hacer videos como el que nos ocupa? ¿Esa es la ciencia de la que no podemos prescindir? ¿Es esa su aportación a la cultura? ¿O tal vez, seamos claros, es esa la educación integral que solicitan ustedes en su manifiesto en contra de la LOMCE? Les aseguro, recua de borricos, que cuando nos pasamos la educación por el forrillo como han hecho ustedes, la sinrazón y la gilipollez más absoluta se imponen de forma inmediata. Son ustedes unos auténticos irresponsables titulados, aunque, eso sí, magníficos artistas.

Concluyo, queridos: por la norma que ustedes aplican se llega al absurdo total y absoluto. Se llega sin dificultar al cinismo más abyecto que puede ejemplificarse en la lectura de una sentencia de muerte. Para hacerlo más cruel pongamos que se pretende lapidar a una jovencilla sorprendida en adulterio. Si el lector de esa crueldad tiene la sensibilidad, que ustedes poseen y enseñan en sus aulas, no se les despeinará ni un solo cabello, y a pesar de los gritos de la joven pidiendo clemencia, ustedes, con la suficiencia de un sabio cruel y arrogante dictaminarán, sin un atisbo de vergüenza ni misericordia que… la caligrafía del escrito resulta absolutamente impecable.