Perdiendo el norte

Ya lo sé, soy raro, tanto que me autocalifico de iguana, lo he hecho muchas veces, todas las veces del mundo. Me entiendo, me percibo como un bicho algo interesante aunque también repulsivo. De cualquier modo y por fortuna, tal y como les sucede a las iguanas, hay gente que se empeña en quererme. Son gente maravillosa a la que también yo quiero en justa reciprocidad. Hay quien tiene mascotas y las adora, también yo tengo amigos que me aprecian, agradezco su sincera y gratuita amistad que casi nunca puedo corresponder en justicia. Leyendo esto, uno diría que sólo me siento cómodo cuando cómo moscas. Algo de eso hay aunque, por mi condición de mallorquín injertado, me sienta más a gusto ante un plato de porcella [...]

Por Xisco Novella / 03-05-2013 Leer más...

¿Quién fue Noé?

Vale, lo reconozco, así a bote pronto parece una pregunta sacada de algún juego de mesa en el que hay que responder para seguir avanzando. Una pregunta de respuesta muy simple si se tienen ya unos añitos, dificilísima cuestión si la formulamos a un adolescente. Hace años, la asignatura de Religión, dejó de ser obligatoria. Hubo una época en la que existía la opción de cursar esa materia, u otra alternativa que, habitualmente, era ética o moral, presuntamente laicas. Digo presuntamente porque, ya para empezar, ni la ética ni la moral han sido laicas jamás. [...]

Te daré la tierra

La novela de Chufo Llorens me encantó. Te daré la tierra aparece ambientada en la Barcelona medieval, y, reconozcámoslo, el título contiene, en sus cuatro palabras, reminiscencias bíblicas de profundo arraigo, no así la novela, genial de cualquier modo. Todo el Pentateuco, y gran parte del Antiguo Testamento, aparece orientado, escrito, para dejar constancia de la promesa de Dios al pueblo judío: La promesa de una tierra que mana leche y miel. El tema es constante y aparece vertebrado por un pacto explícito en el cual, la posesión de la tierra, va íntimamente ligada a la fidelidad a Dios. [...]

Obispos y campanas

Otro once de setiembre, otra vez la fiesta de Cataluña que últimamente aparece en exceso removida por aires, o mejor, huracanes independentistas; en esta ocasión una marcha multitudinaria, llamada Vía Catalana, que ha oscilado entre el millón seiscientas mil almas, proclamadas por los organizadores, y las cuatrocientas mil contadas por los otros. En todo caso un montón de gente que pretende hacernos recordar, a unos, los muchos que son, y a otros la sandez de un anacronismo elevado a la categoría sacral, o simplemente un fenómeno de alucinación colectiva. Elija Vuesa Merced lo que mayormente le plazca. [...]