Restauración del Oratorio

Día 28 de Octubre de 1998, diez años después de que la Congregación de Porreres fuese afiliada a la de Palma, sin ningún miembro vivo de la antigua Congregación se inició nuevamente la vida de Comunidad.

La realidad era del todo preocupante, la casa toda ella es una inmensa gotera, los tejados amenazan ruina, ni una sola canal se encuentra en condiciones, el campanario se desmorona, no existe canalización de aguas fecales, aparte de la iglesia no hay luz eléctrica más que en dos habitaciones del inmenso convento y... lo que es peor, la experiencia se inicia sin fondo económico. La Congregación de Palma que gestionó durante años la economía de la casa (1972-1998) niega reiteradamente el fondo acumulado durante 26 años de colectas. La situación es desesperada y el futuro parece imposible.

Y sin embargo la fuerza de Dios se manifiesta de forma indiscutible cuanto mayor es nuestra debilidad, en los primeros diez años de restauración las obras han sido constantes porque el estado del edificio era preocupante, las obras principales han sido las siguientes:

- Tres habitaciones nuevas con baño en la primera planta
- Accesos adecuados
- Restauración de la sacristía
- Reforma de la cocina

- Restauración del campanario
- Sustitución o arreglo de tejados
- Canalizaciones de aguas pluviales
- Conexiones a la red de aguas fecales
- Reforma y ampliación de la sala capitular
- Reforma de la portería
- Tres habitaciones en la planta baja, una de ella para asistidos.
- Pasillos y accesos con rampas
- Conversión del solar en zona de jardín
- Desmonte de antiguas estructuras obsoletas
- Construcción de coladuría

- Mejoras notables en instalaciones eléctricas, carpintería, herrería, fontanería, pintura... una lista casi interminable. Una realidad de trabajo constante que pretende devolver al magnífico edificio su antiguo esplendor.

Las obras, a pesar de su omnipresencia, no son lo único ni lo más importante, la Congregación dedica tiempo a la juventud a través de la catequesis, escolanía y la enseñanza, se dignifica la liturgia, se cuida a los seglares con cursillos de formación.

En definitiva se anuncia el Amor de Dios amando al pueblo que nos ha sido encomendado, trabajando y rezando por él.